Pastillas de azúcar #8
Secretos de las psicólogas, tortitas perfectas y mayordomo gratis
¿Cómo va el otoño, queridos-barrita-as?
Por aquí, poco otoñal: una forma poética de decir que hace un calor del c*pón. Pero a mí plin, porque no me gustan el frío, ni la lluvia, ni el viento, y si por mi fuera, viviría entre los 18 y los 24 grados con cielo claro todos los días del año.
Pero, Marina, ¡el calentamiento global! ¡Los cultivos! ¡Tiene que llover!
Ya, lector, pero ¿acaso puedo yo decidir qué tiempo hace? ¡No! Así que ya que estoy, me regocijo.
La compra de nuestra casa griega está paralizada porque los griegos hacen que los españoles parezcamos alemanes. Hay un follón con la hipoteca que tiene ahora mismo la casa porque el banco se la vendió a un fondo que se la ha vendido a otro fondo en el que nadie contesta al teléfono. Allegedly. Se nos está empezando a ahumar el pescado un poco, la verdad, y aunque me horroriza la idea de otra mudanza, igual hay que empezar a buscar casa de nuevo.
Por si acaso, le hemos puesto velas literales al santo que vive colina arriba: San Pantaleimón, que es muy sanador, al parecer. A ver si sana las finanzas de las dueñas y nos soluciona el percal.
Alana está encantada en el cole griego porque Alana está encantada en todas partes. Ya habla griego la mar de bien y se ríe de mí cuando me equivoco. Entonces me entra mi vena vengativa y la hago hablar en español y utilizar el subjuntivo.
(Es broma. No hay forma de convencer a mi hija de que hable español)
Atlas, que ha sido un niño dificilito desde que nació, de repente se ha transformado y se pasa las horas jugando solo con sus cochecitos y sus muñecos. Ya habla mucho, lo que pasa es que lo hace como E.T., con palabras sueltas y pausas entre una y otra. «Daddy… watch… this!» En español dice «sí», «más» y «pito», y cuando le pregunto: «¿Cómo es Ati?», contesta: «apo, ¡apo!»
Cómo dejar de ser un people-pleaser
Si te pesan el miedo al rechazo, las críticas o las expectativas ajenas, tranqui, que nos pasa a todos. Pero hay quien lo lleva mejor y quien deja que le bloquee.
¿Eres del segundo tipo? Entonces te interesa lo que ha creado Bea, de Pronoia Psicología: 13 entrevistas con expertas en desarrollo personal —psicólogas, psiquiatras, coaches—, incluyendo a una servidora, para entender por qué nos da tanto pánico quedar mal… y cómo dejar de vivir como si estuviéramos en OT a la espera de la valoración del jurado.
Compartimos herramientas que usamos en consulta, marcos mentales para ordenar el caos y anécdotas propias que demuestran que los profesionales también metemos la pata. Es oro para people-pleasers, para quien tenga ansiedad social y para cualquiera que quiera encajar menos y vivir más.
La receta de las tortitas perfectas
La vida es compleja y hay pocas fórmulas que siempre funcionen. Esta es una de ellas.
Mis hijos aman las tortitas, así que desde hace años, he probado por lo menos quince recetas. Muchas estaban bien, pero ninguna para tirar cohetes… hasta que encontré LA RECETA.
Me da que el secreto es echarle levadura sin complejos, que es un secreto que sospecho sirve para otras recetas de repostería. Por ejemplo: el clásico bizcocho de yogur. Las recetas dicen «una cucharadita», pero en mi casa siempre le hemos zampado el sobre de Royal entero y sale muy bien.
Cuestión: que la receta original está aquí y no falla. La copio en español:
300 gramos de harina
60 gramos de azúcar
18 gramos de levadura, AKA el secreto
La puntita de una cucharilla de bicarbonato
2 gramos de sal
Un huevo
60 gramos de mantequilla derretida pero no hirviendo
440 ml de leche
10 ml de esencia de vainilla
Instrucciones y notas:
Mezcla primero los ingredientes secos muy bien, añade los húmedos en un hueco en medio y mezcla de nuevo.
No batas demasiado o te cargas la masa. No importa que haya grumos
Deja que la masa repose 5-10 minutos mientras se calienta la sartén
Vierte 2-3 cucharadas de masa por tortita con el fuego a media potencia. Cuando empiece a hacer burbujas, dales la vuelta
Sírvelos con lo que quieras
Con aceite de coco en vez de mantequilla (misma cantidad) también están muy ricos
Truco para llevar mejor las tareas de casa
Estoy leyendo Manifest Like a Mother, de Francesca Amber, porque de vez en cuando me gusta una buena ración de woo-woo. Lo que pasa es que me frustro, porque es difícil ser espiritual cuando tu hijo hace el milagro de las bodas de Canaan, pero en vez de convertir agua en vino convierte el aire en caca.
Este libro es de los que llamaría manifestando y con el mazo dando: tiene su toque flipado, sí, pero es muy práctico. Se basa en cambiar pequeñas cosas que puedes hacer una sola vez y disfrutar mucho tiempo, en lugar de obsesionarte porque no puedes tener la rutina matutina perfecta de Tim Ferriss.
El truco que voy a contarte se lo escuché a Francesca en una entrevista y no sé si sale también en el libro porque aún no lo he acabado.
Se trata de convertirte en tu propio mayordomo (Francesca es inglesa, así que sus trucos son así de British).
Imagínate: ¿qué haría por ti un mayordomo si lo tuvieras? Quizá diría: «A Marina le encanta tener sábanas limpias, así que se las voy a cambiar y a plancharlas con colonia como a ella le gusta», o «a Marina le encantan los aguacates, así que para esta noche, le voy a hacer una ensalada de aguacate y gambas que se le van a saltar las lágrimas».
Luego llega el momento de disfrutar lo que ha preparado tu mayordomo y piensas: «Qué suerte tengo de que Marina cuide tan bien de mí. Vaya lujo».
Puede parecer una chorrada, pero me ayuda a colocarme en un mindset de cuidarme y, sobre todo, de recibir con elegancia y aprecio lo que la yo del pasado hace por mí, que es mucho.
Hábito que creo que se está perdiendo y no debería
Mi amiga María, con la que hice la residencia en Cádiz, tenía un hábito que me encantaba: en el momento en que sabía que ya no iba a salir más de su casa, se ponía el pijama. No pantalones de yoga, ni de chándal: un pijama como Dios manda, bien gustoso, con sus perritos o sus estrellitas o lo que fuera.
A mí me hacía mucha gracia, y últimamente, aprovechando que anochece pronto y después de cierta hora nos metemos en casa, me pongo el pijama en cuanto pillo.
Esto es especialmente relajante cuando hace frío de verdad, pero para este entretiempo apocalíptico de planeta sobrecalentado, me compré hace un año unos pijamas parecidos a este de H&M que son una maravilla.
Cita que me ha hecho pensar
In the short term pessimists look smart, but optimists move the world.
[A corto plazo, los pesimistas parecen inteligentes, pero los optimistas mueven el mundo]
—Tommy Dixon en su excelente ensayo The end of our extremely online era.
Nos vemos pronto.
Abrazos,
Marina
P.D. Un buen libro para leer una vez que te has puesto el pijama es este.
Para cancanear en los comentarios…
¿Cuál es una receta simple y perfecta que nunca te falla?
¿Pijama sí o no? ¿Y para los hombres: acogedor o antierótico?
¿Eres people-pleaser o, como le pasa a Pablo, lo tuyo es llevar la contraria?



dios, que buena pinta la receta de tortitas, a ver si la hago, batir con thermomix eso si, tendré cuidado de no hacerlo demasiado
Yo soy de pijama-en-cuanto-cruzo-la-puerta, de toda la vida... supongo que tiene que ver con que NO soy del tipo people-pleaser, sino de que me importe un pito lo que opinen los demás, jaja!!
Eso sí, los pijamas, que sean monos, por favor. Que te hagan sentirte bien (cozy, sexy, lo que a tí te valga por "bien"). Porque lo de ir por la casa y que cada vez que te cruzas con tu reflejo en el espejo te asustes porque piensas que se te ha colado un mendigo en casa, como que no.